Llega la Navidad
diciembre 4, 2009 at 1:15 pm Deja un comentario
Llega la Navidad. Los papánoeles ya empiezan a escalar fachadas colgados de una cuerda y las lucecitas de los escaparates parpadean al son del jinglebells, jinglealltheway. Los anuncios de televesión rezuman paz empalagosa y “sincera” cordialidad y los buzones electrónicos del outlook express se llenan de mensajes en los que tu amigo del alma tiene cabeza de gnomo y pies de reno. En el Supercor suenan los Villancicos, y en el Carrefour, también. Algunos santa claus de barriga cojinerea y barba falsa tocan la campana a la puerta de una perfumería, y los niños que corren por la calle Uría menean la jodida pandereta. El carbón de azúcar se amontona en los escaparates de las confiterías y las rosquillas de anís descansan en sus revoltijos. Las cenas de empresa se multiplican y en ellas suele aguantarse estoicamente las gilipolleces del jefe o la borrachera infame del administrativo. Luz, música, sal de frutas y buenas intenciones. La Navidad no deja de ser un periodo de tiempo envuelto en papel de regalo que huele a langostinos. Un tiempo que nos sirve de excusa para disfrazarnos de angelitos, de buena gente con buenas intenciones. En Navidad somos generosos, hacemos de Reyes Magos, somos compañeros, somos solidarios, somos sensibles, somos alegres, somos actores interpretando un guión surrealista donde se adoran belenes, se compran corbatas, se engullen pavos rellenos, se cuelgan bolas de un árbol y se va a misa del gallo. Viva la Navidad, Viva, pero lejos.
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